*Selah

Hace mucho no escribía un blog, pero aquí estoy en los últimos días del 2022. Como para muchos de ustedes, para mí diciembre es de los meses de más introspección, evaluamos el año, recordamos todo lo que vivimos, y tratamos de sacar un “ balance” de lo que fue. Este balance nos lleva a decidir si este fue un buen año o un mal año.

Pero a diferencia de otros años, esta vez mi corazón no quería hacer ese “balance”, primero porque implicaría recordar muchos escenarios de dolor y segundo porque sabía cuál iba a ser el resultado final del balance. Sentía muy dentro de mí un conflicto de emociones, porque aunque la balanza se inclinara más del lado de lo “malo que pasó”, al final tendría que decir… sÍ, fue un año duro PERO Dios fue bueno, porque como cristiana es lo que se espera de mí, ¿no? Debo declarar que Dios es bueno, aunque mi corazón sienta dudas.

Entonces resignada a hacer la tarea me senté en mi estudio y comencé a ojear las páginas de mi devocional de todo el año, mi cuaderno devocional es muy especial para mí, es donde suelo escribir mis conversaciones con Él, lo que siento, lo que me dice , y lo que me enseña Su palabra día a día.

Fue impactante como desde la página número uno se podía sentir la aflicción de mi corazón en cada palabra, la lucha por mantener la fe, levantar el escudo contra todas las situaciones que se levantaban alrededor, página tras página sólo leía mis oraciones de súplicas, pidiéndole a Dios que no nos dejara caer, pidiendo su socorro, su defensa, su cuidado.

Quisiera poder contarles toda la historia de lo que pasó este año, pero no alcanzaría, lo que sí puedo decirles , es que fue un año en el que nuestra fe se vio probada mes a mes, pasamos por dificultades financieras que nos mantenían en constante presión (aún nos encontramos en medio de esta batalla), vimos oportunidades cerrarse de un solo portazo frente a nosotros, con dolor nos despedimos de familiares muy especiales y enfrentamos la pérdida de nuestro primer bebé, esto terminó de quebrar mi corazón, vi como mi fe se explotaba en miles de pedazos y como la realidad se burlaba cruelmente de las promesas que Dios me había dado y de todo aquello en lo que siempre he creído.

En esos días me encontré diciéndole a Dios: “si tu nombre es poderoso ¿Dónde estaba tu poder? Si tu nombre es el Dios que me ve ¿Por qué permitiste esto?

¿Cual es tu nombre? porque al parecer, no te conozco Dios.” (confieso que no me siento orgullosa de esto, pero hay momentos en los que es más importante la sinceridad con Dios que mantener una máscara de perfección).

Seguía pasando las páginas de mi devocional tratando de encontrar algo pero tuve que detenerme, arrojé el cuaderno en el escritorio y le dije a Dios: Señor lo estoy intentando, cualquiera que lea este devocional puede preguntarse ¿Qué pasó aquí?, sé que fuiste fiel, sí, pasaron cosas buenas también, pero tienes que aceptar que fue un año demasiado pesado.

Y ahí sentada en silencio, tratando de entender este año, tratando de ver “Su Voluntad” pude sentir la presencia de Dios invitándome a callar… a callar por un momento la queja de mi corazón, a pausar por un minuto las dudas de mi mente, Dios me invitaba a dejar de ver las cosas con mis ojos humanos, para poder ver más allá, para poder verlo a Él.

Con calma tomé nuevamente el cuaderno y continué mi tarea, llegando a los últimos meses tuve que detenerme nuevamente con lágrimas en mis ojos dije: “definitivamente sí, ha sido un año demasiado duro, un año que se sintió imposible.” Entonces sentí como si un gran misterio hubiera sido revelado ante mí con una pregunta que hizo todo más claro: ¿Si este año fue tan imposible, cómo es que hoy estoy aquí?¿Cómo es que la Gabriela débil, miedosa e incluso incrédula llegó hasta aquí?

Solo así pude ver, que si el año fue duro y lleno de pruebas, alguien tuvo que hacer un camino para poder atravesarlo, si mi corazón sentía que no podía más, alguien lo sostuvo y lo levantó una y otra vez, si mi fé explotó en pedazos, alguien los recogió y con amor y paciencia reconstruyó, si hoy crucé al otro lado es solo porque alguien abrió el mar en dos, Ahora sé, que si hoy estoy escribiendo esto es porque cuando yo quise rendirme, alguien se mantuvo fiel (spoiler: ese alguien es Dios).

Hoy puedo compartirte con esperanza y gozo el “balance” de mi año:

Este año fue un “mal año”, fue un año difícil y duro, por medio del cuál Dios llevó mi relación con Él a un nivel más maduro y profundo, una relación en la que puedo entender que Él no nos promete tener una vida sin aflicción pero sí nos promete que estará ahí para ayudarnos a atravesarlo y que Él ya venció por nosotros.

Este año aprendí que las riquezas de Dios van más allá del dinero y que pedirle solo plata es quedarnos cortos en lo que Él realmente tiene para nosotros, aprendí que cuando promete que brotarán aguas en el desierto (1) significa que Él será fiel en traer de su agua viva para refrescar nuestro corazón y así poder seguir hacia adelante en el camino.

Este año luché cada mañana con el desánimo, mi corazón solo quería que desapareciera el dolor, quería abandonar el camino, pero aprendí que mi Maestro se despertaba cada día mirando como la cruz estaba cada vez más cerca y aun así no se echó para atrás, ofreció su espalda a los que lo golpeaban y ante las burlas y los escupitajos no escondió su rostro, y encontré fuerza, valor y consuelo en su oración:  (2)“Por cuanto  el Señor Omnipotente me ayuda, no seré humillado. Por eso endurecí mi rostro como el pedernal, y sé que no seré avergonzado” y encontré esperanza para mirar hacia un nuevo año porque: “Cercano está el que me justifica”.

Aprendí que cuando abrimos nuestro corazón sinceramente a Dios , Él responde nuestras preguntas, así como en algún momento de este año le pregunté: ¿Cuál es tu nombre Señor? hoy las últimas páginas de mi devocional solo dicen : El Señor Todopoderoso es mi nombre.(3)


1.Isaías 35:7, 2.Isaías 50:6-8, 3. Isaías 51:15